El catálogo de prostitutas mexicano 

La prostitución ha existido toda la vida y existirá mientras haya un basto mercado para el comercio del sexo. 

 

Todos sabemos que existe y dominamos los lugares en la Ciudad México donde se "exhibe la mercancía" tanto en la calle como en establecimientos famosos.

 

El siglo XIX, con todo y sus mujeres que no enseñaban ni media pantorrilla para no provocar, no era la excepción. La prostitución se practicaba en el mundo y era un negocio bastante redituable, igual que es ahora.

 

Pero, lo que sí te va a sorprender, es que en algún momento en México, las prostitutas gozaron de plena libertad para ofrecer sus servicios y todo estaba debidamente reglamentado. Eso sí, con la condición de pasar la prueba de sanidad que aseguraba que no anduvieran infectando de sífilis a algún "buen" hombre de familia.

El responsable de tan liberal reglamentación, fue ni más ni menos que el Emperador Maximiliano de Austria. El mismo que había sido traído a estas tierras por el grupo conservador (con el respaldo de la Iglesia Católica), en el año de 1864. Con este tipo de leyes, ya te podras ir dando una idea de algunas de las razones por las que perdió el apoyo de todo este grupo que lo terminó dejando solo frente a su enemigo Benito Juárez.

 

Solamente imagina las críticas que causó esta legalización en la sociedad. Sobre todo si recordamos que la mujer de aquel entonces, estaba acostumbrada a vivir bajo tutela del hombre y a vivir dedicada al hogar o si la necesidad apremiaba, pasar vergüenzas por salir de casa a trabajar.

La prostituta, como era de esperarse, era un ser condenado y abucheado.


Pero es irónico que también cumplía una función muy importante para la sociedad. ¿quién más hubiera podido  satisfacer los deseos pecaminosos de los hombres?


Con esto, liberaban a las mujeres decentes de prestarse a actos inmorales y daban un escape a todos esos deseos oscuros que un hombre podía albergar. Conveniente ¿no?


Con el uso de la tecnología del momento que era la fotografía, las autoridades lograron hacer un catálogo de todas las prostitutas que habían pasado correctamente los controles de sanidad y que habían pagado su cuota de registro. 


El impuesto que pagaban era mensual y como en toda actividad, había niveles y había para todos los presupuestos: burdeles finos, baratos y mujeres de la calle. Todo con su debido registro y fotografía.

Con todo lo anterior, no deja de parecernos curiosa la moral de aquel entonces. Por ejemplo: tenían que ir a revisión ginecológica cada quince días y en un principio se practicaba el reconocimiento con el espejo, se dejó de utilizar tal herramienta debido  a las quejas por parte de las señoritas que lo tomaban como una violación y una deshonra.  


Otra regla era que cuando la susodicha contraía matrimonio, se le cesaba de la actividad porque no era concebible que una mujer casada siguiera dándole vuelo a la hilacha.



Esta regulación tan liberal, terminó con el Régimen de Maximiliano y casi 150 años después me pregunto:

¿Qué sucedería si nuestra sociedad empezara a abrir estos temas tan sabidos y cotidianos y a agarrar al toro por los cuernos? Varias ventajas se podrían sacar de una legalización similar o ¿no?


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